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Escritores - Oscar Wong - Erótica de las Lluvias: La Pasión Como Membrana Sensitiva

Erótica de las Lluvias:
La Pasión Como Membrana Sensitiva

Por Óscar Wong

Una compilación de cinco volúmenes conforma el presente libro, denominado Erótica de las lluvias, donde se observa la principal inclinación del artista ycateco: exaltar el ardor de los sentidos a través del desbordamiento de la pasión, tal como se establece por el término que utiliza en el título. Aunque el autor no llega, ciertamente, a la obsesión amorosa o sensual, porque estos asuntos son abordados por Óscar Sauri Bazán de una manera peculiar: su discurso va de la mano de la combinación regulada por dimensiones y cadencias simétricas que impiden el desbordamiento afectivo. La sujeción del lenguaje a medidas fijas –endecasílabos y heptasílabos, principalmente, o alejandrinos y pareados en otros momentos- pretende otorgar al contenido sonoridad y armonía, pero sin recurrir a la rima. Esta ley, esta medida, en la actualidad puede restarle vigor expresivo a lo que se proyecta formular, sobre todo si se utiliza el hipérbaton, como ocurre en momentos vitales.

Es verdad que el verso blanco es propio para exponer una historia. Y esto es lo que dispone el escritor, originario de Cansahcab, Yucatán (1958). Aquí, en verdad, se privilegia el contenido. El ritmo horizontal, sin estridencias ni reverberaciones, se vuelve único. La herencia rítmica es clara: recursos propios de una preceptiva enclavada en la tradición, pero donde la disposición acentual no consigue la misma intensidad para dar al verso fisonomía y color.

Pero no adelantemos juicios, puesto que si la temática es el amor, como evidentes aspectos de la Erótica, habría que detenernos en el viejo Platón y, acaso, en el renacentista Marsilio Ficino, quien abordaba el ojo, la mirada contemplativa, para asentar su propuesta reunida en De amore. Comentario a <<El Banquete>> de Platón : el amante como espejo del amado, pero siempre con intención cristiana. Por supuesto que Sauri es más sensitivo, el ámbito que toca y revela es físico, por sobre todas las cosas, aunque de momentos prefigure:

Antes del verbo fueron los colores...” (p. 170)

La naturaleza misma como pasión y deseo. La mirada masculina que penetra y se estremece. Gemidos, hemisferios del insomnio, abrazo compulsivo del agua y la arena, como un ritual perenne. Más que unión, comunión:

“En los cuellos del agua sumergida
Está el salobre grito de la arena”
(p. 173)

Si la memoria no me falla, en El banquete se habla de dos Eros y dos Afroditas como camino para crear y captar la belleza; pero lo que me importa resaltar es, justamente, la exaltación al culto a Eros, el dios helénico del Amor, en sus tres vertientes: como dios-naturaleza, como el dios referido a la mística y, desde luego, el Eros por todos conocidos, cantado por los poetas provenzales del siglo XII, como efecto maravilloso de la belleza, invencible e irresistible. Carne luminosa de sensaciones, sí, ligada a la idea del placer físico, efímero. También es innegable que en Erótica de las lluvias, el aspecto anacreóntico está desfasado, puesto que el amor no se aborda de una manera más delicada y graciosa, sino sensual . Aquí observo una insistencia amorosa, sexual. Erotomanía, para resumirlo con una única palabra. Oscar Sauri detalla con minuciosa escrupulosidad:

El verbo como acción entre tus muslos” (p. 127)

El verbo con minúscula, sí, hecho carne y piel. No el logos hebraico llenador de vacíos, tan necesario para nombrar y hacer que las cosas existan. No el logos socrático que determina el discurso, el pensamiento. Tampoco el logos pitagórico (el número, la música, sin substancia), sino el verbo ergotizado, admitido socialmente por la relación humana, corporizado por el falo definidor. Disponer del cuerpo femenino para construirse. Cierto: la figura de la mujer se añora, se presiente. Brota de la nostalgia, hostia carnal, tersura entre las sombras. La voz del autor jamás llega a consumarse en tanto blasson, en esa estructura trovadoresca de alabanza de la cual procede la lírica europea, española principalmente, y de la cual somos herederos. Aunque, por cierto:

Todo ha de suceder
En el eterno entreacto hacia la aurora”.
p. 134)

La figura femenina es exaltada, sí, desde la perspectiva corporal, desde el deseo mismo; pero no es el eterno femenino, no la Creadora del Canto II de Altazor, sino simple y sencillamente en su dimensión estrictamente carnal:

                        “Para decirte aquí está mi cuerpo

Una esquirla de hueso lo lastima

Un abrazo de rezos lo hace invicto
Y tu sexo lo puebla de ceniza”.
(p. 84)

Pero dejo atrás el tema de la Mujer, con mayúscula, que derivaría en una controversia que por ahora no me corresponde establecer. En este momento sólo me concierne resaltar el segundo aspecto del título de Sauri Bazán: la lluvia, no como agente fecundador del suelo (de donde procede la fertilidad, la abundancia), o como partícipe de la relación hierogámica cielo-tierra: la lluvia como esperma fecundante, como la simiente, sino como el principio activo, celeste, el principio k´ien de mis antepasados chinos, del que toda manifestación extrae su existencia:

El amanecer te anuncia como un trino” (p. 59), descubre el autor.

La lluvia, de naturaleza yin, y el rocío, de naturaleza yang, como signo de armonía del mundo , combinándose con el cuarto ámbito de la filosofía, que trata de la belleza y del amor, para instituir fértiles surcos ocres donde se congregan los afectos y los besos (y donde el terreno social tampoco es soslayado). De esta manera, Erótica de las lluvias se vuelve un espacio único, un territorio de musgos y corales, transformado en un ejercicio lírico donde peculiares adjetivos se disponen para ampliar el horizonte semántico, no para calificar o para delimitar al sustantivo, sino para proyectar el sentido, otorgándole una nueva intención: “cumbre somnolienta” (p. 15) o “voraz cadencia” (p. 43) son ejemplos determinantes de lo que asevero.

Exterioricé al principio que el volumen que me ocupa es una compilación de cinco obras: Erótica de las lluvias (pp. 9-46), Para decirte (pp.47-84), Frágil (pp. 85-147), Otras lluvias (pp.149-184) y Erótica (pp. 185-217), donde se conjugan versos de arte mayor con los de arte menor, siempre con el deseo de expresar la carnalidad como membrana sensitiva. El uso del hipérbaton, como condición ineludible, funciona con positiva intencionalidad:

Cuando tus dientes firmes dan sonido
A tu voz que la anuncia lengua libre
(p. 29)

Deseos y evocaciones se aglutinan:

                        “Y unos dientes que besan
                        Muerden cada tajo de la ausencia
                                                                        (p. 97)

Erótica de las lluvias constituye un movimiento corporal, un testimonio que pretende sostener un espacio íntimo, social y tradicionalmente libertario, donde el autor enfoca sus preocupaciones existenciales en la armónica fecundidad del cuerpo femenino, acaso para manifestar la identidad de un hombre erotizado y donde la belleza física encarna la única estirpe que debe ser cantada, eternizada por el ojo y la palabra.

 

Óscar Sauri Bazán, Erótica de las lluvias UNEAC, Edic. Unión, Colec. Sur, La Habana, 2006, 217 pp.

Óscar Sauri Bazán, UNEAC, Edic. Unión, Colec. Sur, La Habana, 2006, 217 pp.

Edit. Tecnos, Madrid, 1989, 242 pp.

Cfr. Platón, Simposio (Banquete) o de la Erótica, pp. 351-386, en Diálogos, Edit. Porrúa, Colec. Sepan Cuántos..., No. 13, Méx., 1971, 11ª edic

V. Federico Sainz de Robles, Ensayo de un diccionario de la literatura. Términos, conceptos “ismos” literarios (t. I) Edit. Aguilar, Madrid, 1965, 3ª. edic.

Cfr. Jean Chevalier/Alain Gheerbrant, Diccionario de los símbolos, Edit. Herder, Barcelona, 1995, 5ª. edic., p.671

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